¿Quien eres tú,
que entre nocturnas sombras
sorprendes de este modo mis secretos ?
Redención
No existía gracia más divina que aquel dolor desgarrador, maldito, poseía cada miligramo de mi alma volviéndome un cadáver en vida, no estaba tan lejos de serlo la verdad, jamás me imagine caer en esta callejuela sin salida, mucho menos desear con tantas fuerzas a un solo ser en el mundo, como si fuese el centro del universo, o aquello guardado en el arca perdida desde tiempos remotos. No tendría que hablar más de alquimia o inmortalidad si envejeciera junto a mi capricho, muchos menos buscaría más que respirar y saborear pasiones desatadas, no querría mucho menos buscar riquezas escondidas por algún pirata, pues si se me llegaba a ser concedido lo que quería, jamás me verían en las calles, ferias, fiestas o socializando con alguien, solo sería uno con esa persona por toda la eternidad.
No respiraría el aire de otros. No aspiraría a seguir entre burócratas, no vería más que el atardecer de mis días junto a mi capricho bendito, mi milagro particular, junto al mayor de mis verdugos.
Eso era lo que pretendía, ¿demasiado difícil como para hacerse realidad?, comenzaba a creerlo, porque por más que corriese, gritase, reclamase lo que sabía me pertenecía, nadie volteaba a ayudarme a seguir o a entregarme lo que quería. Todo lo que tenía a cambio eran dagas clavadas en mis extremidades, aguijones de escorpiones, atravesando cada centímetro de mi piel y de mi alma. Lloraba veneno, respiraba lo mismo. Mis pies me condujeron hacia donde menos lo creí, mis sentidos actuaron por sí mismos, quizás en la búsqueda de un juez absoluto al cual reclamar.
La santidad pude aspirar cuando abrí la puerta del recinto, colores pasteles y mucho brillo de oro, brillo chispeante a pesar de la oscuridad de la noche, que podría si lo desease, crear algún espectáculo digno y celestial. Estaba en los que algunos llaman, la casa de Dios. Aquel nombre para mí era subjetivo, todos me decían que él estaba en todos lados, ¿entonces porque esa era su casa? ¿Por qué tendría que consultarle algo solo yendo allí? Era tal mi incredulidad, que normalmente prefería obviar siquiera pisar ese lugar. Comenzaba a convertirse en una fobia.
Sin embargo, allí me encontraba, con la mirada clavada directo en el Cristo crucificado, me pregunté si aquel dolor que reflejaba con su rostro era parecido al que sentía en aquellos instantes, mientras cruzaba el lugar desde la entrada hacia el enorme altar, cubierto con una alfombra roja y detalles dorados. Era como sangre, la sangre que salía de las heridas del hombre crucificado arriba, el piso era de sangre solo ahí, y hacía un espeluznante y hermoso contraste con el frío suelo de esa pequeña capilla. Suelo de baldosas blancas y pulidas con esmero.
-me han dicho que eres el creador supremo- dije de frente al altar –el creador de todos los tiempos y el que más llora desgracias- dije esto último con una sonrisa burlona, demostrándole lo que en realidad pensaba a cerca de aquella afirmación –no recuerdo jamás haber hecho nada en tu contra, mucho menos el haberte reprochado cuando te llevaste a mi madre… no recuerdo nunca haberte juzgado o culpado por la vida que mi padre pretendía que llevase, ¿podría entonces merecer solo un deseo? Podría yo… por fin dejar de ser lo que llevo siendo desde que abrí los ojos ante el mundo, ¿o es que acaso me teñiste de rojo con tu sangre para sufrir agravios y desgracias por siempre? ¿Soy algo indeseado? ¿Acabarás con mi espíritu en cuando puedas?... si eres quien eres, si eres lo que todos aseguran, lo que todos adoran, entonces conoces de mis sentimientos, entonces sabrás… cuanto duele-
Lagrimas venenosas volvieron a invadir mis mejillas, esta vez dolían más que de costumbre, bajé mi cabeza dejándome inundar por el mar que se venía sobre mí con olas asesinas, cediendo ante la naturaleza indomable y exquisita. Desfalleciendo ante el que decían, era el creador de todo tiempo, todo espacio, todo lo que alcanza ver nuestros ojos o imaginación.
-¿Podrías solo decirme que debo hacer? ¿Cómo terminará todo? ¿Terminar con esto?... o simplemente…- intenté inútilmente secar mis lagrimas con mis muñecas –decirme cuál es tu voluntad, ¿me castigarás?-
El golpe fuerte fue quizás la respuesta. Enmudecí de pánico. Alguien había entrado en ese instante a la capilla, alguien de quien había estado huyendo, volví mi vista hacia el Cristo. Sí, me castigará solo por mi curiosidad maldita en las ciencias prohibidas…


1 Estrellas:
Perfecto, perfecto, perfecto!
Lo siento, pero no existen palabras para describir lo que he leido!
De verdad que esto es bastante interesante, y lo mejor de todo, es que siempre logras atraparme con estas historias que escribes, me enganchan totalmente, y no puedo dejar de leerlas!
Felicidadez♥
Te deseo lo mejor para este nuevo proyecto, y que todo salga bien (Que claro que lo hara) :3!
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